
Hoy, claro, ha sido inaugurada por los Reyes, con el consiguiente y desesperante caos de tráfico. Bastante tiempo antes ya es imposible parar en las puertas principales. La Sur, que es la principal realmente, la de las banderas, la cierran por seguridad y los 150.000 participantes (entre profesionales, periodistas y expositores) tienen que dar toda la vuelta hasta la entrada del otro extremo. Así que uno siempre llega de mal humor a este despliegue de color y fantasía en económicos -o no- paquetes turísticos. Preguntadles a los taxistas.
Afortunadamente, a los Reyes ni los he visto, y no por ser republicano, sino porque íbamos a hacer una pieza de color y la inauguración real la cogemos de agencia. Si FITUR es un marrón, cualquier trabajo con Casa Real, lo es doble; no hay seguridad comparable a esa.
El primer comentario que me ha sugerido la visita a FITUR es la aparentemente injustificada cantidad de gente, de las miles de instituciones de gobierno que hay en nuestro país, que se desplazan a tal evento. El Estado es, aparentemente, el menos derrochador, pero, gobiernos autonómicos, diputaciones, patronatos, ayuntamientos y confederaciones (seguro que me dejo algo) quieren todos su stand. Seguramente mi ignorancia no me permite atisbar qué demonios hacen todas esas personas que, en número igual o superior a los funcionarios que lógicamente han de estar, pueblan con gesto alegre los diversos stands. ¡Mi mala leche me dice que van a comer pinchos! Además, hoy en día, cualquier alcalde, consejero o presidente de diputación, se hace acompañar de la televisión local de turno, periodistas y... ¿asesores?, que ensalcen su figura. Por citar un caso, el ayuntamiento de Madrid, hace promoción de su canal de televisión, que no sé qué tiene que ver con el turismo. Es un auténtico alarde de medios económicos y técnicos; un derroche. Los nacionalistas se escandalizarán al oír esto, pero el Estado debería auditar todos estos gastos.
En un tono mucho más serio, me gustaría hacer notar que echo en falta a chicos y chicas más guapos y encantadores atendiendo en los stands, aunque la belleza te sale al paso en cualquier pasillo.
Más tarde, nos hemos acercado al hospital Doce de Octubre a dar testimonio del peregrinaje de un grupo de escritores abertzales, conocidos en su angosto círculo familiar, al martirio de Iñaki De Juana Chaos. Los que nunca quieren hablar, han venido a decirnos, a propósito de esta visita, que la sociedad que permite lo de De Juana está enferma y tiene un problema de falta de democracia. En fin, que no sólo es el Estado el opresor, también lo es la sociedad (española, no vasca, por cierto) Estos amantes de la palabra lo que no parece que consideren un problema es el terrorismo; ¡ellos sabrán!
Muchas gracias.