martes 1 de marzo de 2011

El factor humano

El factor humano es el principal motivo por el que la Televisión apesta; en general. Todavía se puede ver algo interesante pero lo realmente noticiable es que APESTA.

Flashback: Corremos hoy por la mañana a Getafe (en televisión se hace todo corriendo)



Parece que la expectación es algo menor de lo que yo esperaba, teniendo en cuenta que se reparte la asistencia entre programas e informativos. La conferencia de prensa (como dicen los anglosajones) la da la asociación que agrupa a las víctimas. Sorprende que un escándalo de tal magnitud genere tan pocas preguntas en la sala. En cuanto termina la "rueda", la soldadesca periodística se abalanza sobre las personas que allí han acudido a despejar sus dudas y a apoyar el acto. No sé si el cebo estaba puesto en el anzuelo adrede (Amnistía Internacional también lo hace y es eficaz e ilustrativo) o fueron allí por iniciativa propia. Eso no importa, el factor humano se ha hecho carne y hay que tomar la comunión. Ahí van unas hostias.
Por un lado, preguntadores con gesto triste y maternal, por otro, preguntados que rompen a llorar en algún momento. Aquí no se pueden establecer límites ni distingos, da igual programas, deportes, o informativos, todo está trufado del reduccionismo de las emociones banales. No se busca la empatía o la comprensión y asimilación del problema, sino la compasión, la condescendencia. La lágrima que tan fácil llega como se va.
No es culpa de los que trabajamos en esto (aunque algunos/as parecen disfrutarlo). La Televisión, como Skynet, ha tomado conciencia de sí misma y se rige por sus propias leyes, se alimenta de estas historias, las procesa y las hace suyas. Así, dificilmente puede ayudar a erradicarlas, al contrario, genera otras nuevas, tangenciales para seguir creciendo con nuestra necesidad de seguir formando parte de ellas. Si no fijaos en el "cultivo" de famosos que supone "Gran Hermano".

miércoles 16 de junio de 2010

El Arquitecto de la Verdad

(Fábula sobre la utopía de la Verdad contada)


Hace muchos, muchos muchos años, tantos que ni la propia historia lo recuerda, existió un reino mítico a medio camino de todos los puntos cardinales. Era tan mítico y fantástico este país, que se regía por La Verdad y La Justicia. Era la envidia de los reinos que lo circundaban, pues la riqueza espiritual devenía en riqueza material. Vivir La Verdad se convirtió en una fuente de bienestar y prosperidad. La Justicia trajo La Paz y los ataques cesaron cuando quedó claro que la convicción y la unión de todos sus ciudadanos, desde el Rey hasta el último labriego, eran más fuertes que el hierro de las espadas.
Un país forjado con mitos sobre hombres reales, comunes o no. Cuyas historias fantásticas servían al entretenimiento y no a la doctrina.

Dos líderes encarnaban los valores de este pueblo. Uno civil, el Rey, aclamado y acatado por la inmensa mayoría. Otro, espiritual y moral, al que llamaban "El Arquitecto de La Verdad". Era éste un personaje misterioso que doblaba, al menos, en edad al más anciano del país. Su llegada era la única historia que nunca saldría a la luz. Nunca había pedido nada a cambio, salvo un lugar entre hombres libres. Su palabra iluminó desde el principio el camino del reino. Su poder y liderazgo nacían de su capacidad de ver y hacer ver La Verdad. Los mitos antiguos se habían convertido en historia, pero en la verdadera, para aprender de los errores. Los pleitos eran resueltos en función únicamente de La Verdad y no del poder. Si algún embajador llegaba con alguna propuesta de pacto o para narrar alguna gesta, el Arquitecto era capaz de ver la verdad y desechar la mentira. Y lo más importante, podía transmitírselo a los demás. Las tramas y conspiraciones quedaban al descubierto y los culpables eran juzgados con benevolencia, pues al conocer sus intenciones últimas y motivaciones, quedaban al descubierto debilidades comunes a todos. La empatía, basada en el conocimiento profundo y honesto del ser humano, fortaleció la sociedad. La mentira se volvió inútil y el hombre descubrió en el hombre un apoyo y no un obstáculo.


Dejo en vuestras manos el final más apropiado y sincero para esta historia, en función de la confianza de cada uno en el ser humano.

Uno sería el triunfo de La Verdad, su éxito contagiado a todo el planeta y la evolución del hombre con la superación definitiva de la violencia.

Otro es el triunfo de la Bestia. La aniquilación del Arquitecto por envidiosos reinos extranjeros, temerosos del poder de La Verdad y La Justicia. El triunfo de la mentira y el retorno a la oscuridad.



¿Cuál os convence más?

miércoles 9 de junio de 2010

Kafka tenía razón


Desperté de un sueño que no era verdad, como todos los sueños. Y ahora estoy boca abajo, incapaz de ponerme en pie. Miro al techo desnudo y agito mis patas, presa del pánico. Mi propio ser me ha traicionado, y mi espalda, rígida como una cadena, evita una gravedad invertida. Veo mis patas agitarse contra un vacío cercano. Me extraño, no me siento. Habito en un desconocido. El esfuerzo es vano pues no sé dónde aplicarlo. Mis patas necesitan el suelo pero la convicción me abandona. Los recuerdos se me clavan como aguijones envenenados. Oigo un confuso "¡Despierta!" entre el griterío. Pero sólo veo el techo inerte, descascarillado, que me escupe cenizas de lo que he intentado ser.


Una por una, mis patas van parando, cediendo a la evidencia de la nada que me devora periódicamente. La tristeza es una anestesia total. Siento el vértigo de la caída y cómo los sensores desisten de su función... Borrar el dolor.


Metamorfosis ciclotímica. Mi hermano siamés es un caníbal.

viernes 28 de mayo de 2010

Habitando la tormenta

(O asomándome a mi Triángulo de las Bermudas particular)

El cielo se vuelve pesado, horizonte cercano y oscuro.
La realidad no ha cargado bien, faltan datos. Paisaje pixelado.

Me poso antes de caer en un bucle infinito. Amenaza y gruñe un silencio ionizado... No consigo ver a otros. ¿Saben acaso lo que acecha? ¿Como he llegado hasta aquí? o tal vez, ¿llegue realmente a levantar el vuelo alguna vez? ¿Me perdí buscándola? Me perdí buscándola.

Tentadora certeza.

El cielo que tengo delante es un muro plomizo. Envuelve mis alas como una marea negra.

Espero. Siento un golpe y luego otro. El cielo se rompe, arrojando millones de cuentas que estallan contra el suelo.
Parece que la tormenta ensaya su golpe definitivo. Vacilo. Busco un lugar utópico donde olvidar el miedo.
La metralla me alcanza, el agua es como cola. La lluvia es blanco y negro; código binario de impactos.



Salto sobre la catástrofe, me lanzo a la furia, mitad cielo, mitad mar.
El cielo no se desangrará eternamente.

El dolor es menor si no te resignas, así que habitar la tormenta es mas cierto

sábado 17 de abril de 2010

Opinión e Información

A raíz de los últimos escándalos con que la política, judicatura y clase empresarial española nos recuerda todo lo que nos falta por crecer como sociedad avanzada y justa, he creído conveniente traer el tema de la opinión en los Medios de Comunicación. Es precisamente en estos tiempos revueltos de "Gürteles", "Garzones" y otros escandalillos rebuscados a modo de contramedidas, cuando los editoriales se inflan y se apasionan como los gritos antes de la pelea. Pero, ¿es necesaria la línea editorial?


Si. Es necesaria y honesta su publicación. Argumento. La línea editorial de un periódico o de cualquier otro Medio "debería" objetivar el enfoque de la noticia. Poner las cartas sobre la mesa, vamos. Por esto creo que debe ir siempre al principio, para expresar la ideología que va a guiar dicho enfoque.

¿Corre la Opinión en contra de la Objetividad? No. Uno puede saltarse el editorial si no le interesa, pero ya va avisado sobre el criterio jerárquico en la seleccción de la información. Ser objetivo, según el diccionario RAE, es ser desapasionado y desinteresado. Por lo tanto es obvio que se puede opinar desapasionada y desinteresadamente. La pasión tendería a imponer las ideas propias y a desautorizar las ajenas. El interés, en último caso, llevaría a la mentira. La opinión es sinceridad y respeto. Así si. El que avisa no es traidor. Opinar es debatir, por lo tanto, escuchar, ya sea para rebatir o para asumir. Debatir es aprender, pues nos enriquecemos con las experiencias y sentimientos de otros. Las opiniones nunca deberían ser inmutables. ¡Qué equivocados están los que nunca se arrepienten de nada!

Pero cuando la opinión es perversa, se convierte en manipulación. Si la opinión es apasionada, interesada o adoctrinadora, ya se está pervirtiendo, especialmente en la función informativa. Así se destruye la única opinión admisible en los Medios de Comunicación: la objetiva. Cuando el objetivo o interés por el cuál se expresa esa opinión es influir en el receptor, la verdad de esa opinión es más que cuestionable.




En una sociedad de consumo como la que vivimos, dónde la Información termina por convertirse en un producto más, óscuros intereses económicos y/o políticos disfrazan de opinión lo que es una suerte de doctrina vital: "Piensa esto; haz esto; compra esto" Esto es mentir y adocenar. Desgraciadamente, no creo que existan medios gobernados por hombres libres (conservadores o progresistas, me da igual). Al contrario, suelen ser poderosos lobbys los que pueden asumir la falta de rentabilidad de la gran mayoría de los medios a cambio de poder influir sobre el ciudadano-consumidor.


Siento no descubrir nada nuevo, pero hoy día sigue siendo necesario luchar contra la anestesia del criterio personal, por el progreso y la libertad.

martes 13 de abril de 2010

Mil veces ella

Hoy es un día radiante.

Bzzz... Bzzz...


Tras las nubes grises que empapan el cielo, decodifico el calor del sol. Rayos potentes y alegres, carga positiva de esperanza.

Doble pirueta inversa y me cargo de humedad, si me chupas, quito la sed.


Ayer, quizá tan sólo hace un instante, sus alas chocaron con las mías y el sobresalto encendió una mirada mutua. Mil veces ella, recuerdo kaleidoscópico. Electrizado por los múltiples haces de su mirada escaneando mi cuerpo. El tiempo se curva y lo fugaz se hace permanente. Su recuerdo impreso me acompañará hasta el momento en que mis alas dejen de batir.

Así pues, en este radiante día gris, aguardo el momento de percibir su vuelo en mis antenas. Esa grácil vibración qe retengo como el camino a la ambrosía.


Mil veces ella o el cielo vacío. Me han disparado un plug-in de amor y el tiempo ha cambiado; no avanza, se descuenta. Ansiedad de dar con tu frecuencia, de fundirnos en un solo diapasón. Vibración perfecta. Orgasmo. Armonía.

La felicidad siempre es anticipada, pero ahora todo es demasiado puro, necesito tocarte.

lunes 29 de marzo de 2010

Desnudos los días

Desnudo el tiempo también. Lo acaricio con un vuelo elíptico y arqueado, sintiendo su sustento. Observo y asumo.

Me poso; un respiro para quién todo es fugaz.

El tiempo vuela y yo sobre él, liviano pero confuso, temiendo una mala elección.

Se suceden las escenas sin guión y una caótica percepción, realidad multiplexada y disparada que aliena la capacidad de comprensión. La linterna mágica desbocada, movimiento desestructurado, realidad operada. ¡Cómo no posarse!

Aún así es imposible digerir semejante vorágine; cierro mis ojos múltiples y descanso. Mi cerebro refulge todavía por la impresión masiva y la carga de datos. Un bucle infinito, colapsador de ideas, acecha. La hoja sobre la cual intento recuperar la verticalidad del mundo, oscila bajo el peso de mi agitación. Aplomo, valor, lucha y jungla me resultan ahora familiares, vuelven a mi cabeza con resignada desesperación.

Más breve el aliento, más intenso el momento. Pareado racheado. Has vivido lo leído? .

Flexiono las patas, espero el punto más bajo en la carga del peso y... salto con fuerza, ayudado por la energía cinética acumulada en mi trampolín verde. Atravieso trayectorias, grupos y el aire cargado de presagios breves.

La próxima flor de ambrosía y tal vez, la firmeza verde de un momento para reflexionar sobre lo hecho y lo factible.