
Un país forjado con mitos sobre hombres reales, comunes o no. Cuyas historias fantásticas servían al entretenimiento y no a la doctrina.
Dos líderes encarnaban los valores de este pueblo. Uno civil, el Rey, aclamado y acatado por la inmensa mayoría. Otro, espiritual y moral, al que llamaban "El Arquitecto de La Verdad". Era éste un personaje misterioso que doblaba, al menos, en edad al más anciano del país. Su llegada era la única historia que nunca saldría a la luz. Nunca había pedido nada a cambio, salvo un lugar entre hombres libres. Su palabra iluminó desde el principio el camino del reino. Su poder y liderazgo nacían de su capacidad de ver y hacer ver La Verdad. Los mitos antiguos se habían convertido en historia, pero en la verdadera, para aprender de los errores. Los pleitos eran resueltos en función únicamente de La Verdad y no del poder. Si algún embajador llegaba con alguna propuesta de pacto o para narrar alguna gesta, el Arquitecto era capaz de ver la verdad y desechar la mentira. Y lo más importante, podía transmitírselo a los demás. Las tramas y conspiraciones quedaban al descubierto y los culpables eran juzgados con benevolencia, pues al conocer sus intenciones últimas y motivaciones, quedaban al descubierto debilidades comunes a todos. La empatía, basada en el conocimiento profundo y honesto del ser humano, fortaleció la sociedad. La mentira se volvió inútil y el hombre descubrió en el hombre un apoyo y no un obstáculo.
Dejo en vuestras manos el final más apropiado y sincero para esta historia, en función de la confianza de cada uno en el ser humano. 

Uno sería el triunfo de La Verdad, su éxito contagiado a todo el planeta y la evolución del hombre con la superación definitiva de la violencia.
Otro es el triunfo de la Bestia. La aniquilación del Arquitecto por envidiosos reinos extranjeros, temerosos del poder de La Verdad y La Justicia. El triunfo de la mentira y el retorno a la oscuridad.
¿Cuál os convence más?