martes, 20 de noviembre de 2007

Lo bueno, lo feo y lo malo


Como la película de Sergio Leone, las cosas no son siempre lo que parecen y tienen demasiados ángulos para ser vistas sin sombra alguna. Empecemos por el principio.


Lo bueno: Parece que me cuesta decir cosas buenas de este trabajo, pero las hay. Una de ellas es poder ver algo que no está al alcance de los demás o antes que los demás. En este caso, ha sido la exposición del Museo del Prado "Las Fábulas de Velázquez", inaugurada por los reyes el lunes. Antes de que ellos lleguen, se nos permite a los periodistas acceder a ella y a sus organizadores para hacer la noticia. Es muy habitual y es sota, caballo y rey (viene al caso). A veces son malas o mediocres y otras, como esta, fantásticas. Nunca tenemos demasiado tiempo, pero si tu compañero/ -a se encarga de la cámara, es posible degustar más en profundidad la ocasión. Sin colas para entrar; esos grandiosos y a la vez austeros pasillos del Prado, iluminados tenuemente para potenciar el mundo que se abre tras esas ventanas que son los cuadros; y como no, el arte del pintor sevillano, que volverá con seguridad a dibujar largas colas en los accesos al museo y a agotar los folletos y catálogos. Bien hecha, con un leit motiv original y entretenido, y con abundancia de obras. Las escenas mitológicas y religiosas son la excusa para emborracharnos con esas miradas, esos cuchicheos y esa luz mágica que viven en las obras, no sólo de nuestro pintor, sino de los que le acompañan, como Ribera, Zurbarán, Tiziano, Poussin, etc. Una gozada.

Lo feo: Ya lo he dicho otras veces, pero lo repetiré siempre que lo vea. La información es otra mercancía más. El RACE publica un estudio-encuesta sobre los navegadores para el coche. Un tema muy en boga ultimamente, ya que amenazan con restringir su uso, una vez que casi todo el mundo lo ha comprado. La cosa funciona así: el RACE, que goza de cierto prestigio frente a los medios, se busca una empresa que pague el estudio a cambio de publicidad, en este caso, BLAUPUNKT. Se presentan una serie de datos que no suponen ningún descubrimiento informativo y que huelen un poco a refrito para que la empresa que paga pueda publicitar sus nuevos navegadores. Es tan común esta práctica, que hoy en día nadie le da demasiada importancia, pero ¿hasta qué punto es creíble o fiable la información, cuando el interés último es la publicidad o la propaganda? Todos los servicios de comunicación y publicidad de todas las empresas se dedican a esto, porque está comprobado que la publicidad clásica tiene una eficacia cada vez más baja. La información periodística, aún en crisis, sigue siendo una forma de interrelación social, una costumbre, y por ahí pueden meternos cualquier cosa.

Lo malo: Trabajar en la calle cuando llueve y hace frío. Y esto no es solo una queja de los cámaras (los redactores no sufren tanto en este sentido), sino de todos aquellos que trabajan pululando por la ciudad. Eso si, no voy a renegar de la lluvia. No comprendo a los que preferirían que no lloviera nunca, pero también maldigo cuando has de estar tres horas intentando guarecerte del agua y encima has de cuidar más del equipo que de ti mismo (uno, a lo sumo, se acatarra pero la cámara se jode). Pues es precisamente en estas desapacibles fechas cuando parece multiplicarse la actividad de la Audiencia Nacional. Por cierto, ¡qué aburrimiento con los catalanes radicales imitadores de los kale-borrokos! ¡Qué favor les está haciendo la Justicia! No les perdonaré nunca el reúma que me han acarreado.

Gracias.
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