lunes, 29 de marzo de 2010

Desnudos los días

Desnudo el tiempo también. Lo acaricio con un vuelo elíptico y arqueado, sintiendo su sustento. Observo y asumo.

Me poso; un respiro para quién todo es fugaz.

El tiempo vuela y yo sobre él, liviano pero confuso, temiendo una mala elección.

Se suceden las escenas sin guión y una caótica percepción, realidad multiplexada y disparada que aliena la capacidad de comprensión. La linterna mágica desbocada, movimiento desestructurado, realidad operada. ¡Cómo no posarse!

Aún así es imposible digerir semejante vorágine; cierro mis ojos múltiples y descanso. Mi cerebro refulge todavía por la impresión masiva y la carga de datos. Un bucle infinito, colapsador de ideas, acecha. La hoja sobre la cual intento recuperar la verticalidad del mundo, oscila bajo el peso de mi agitación. Aplomo, valor, lucha y jungla me resultan ahora familiares, vuelven a mi cabeza con resignada desesperación.

Más breve el aliento, más intenso el momento. Pareado racheado. Has vivido lo leído? .

Flexiono las patas, espero el punto más bajo en la carga del peso y... salto con fuerza, ayudado por la energía cinética acumulada en mi trampolín verde. Atravieso trayectorias, grupos y el aire cargado de presagios breves.

La próxima flor de ambrosía y tal vez, la firmeza verde de un momento para reflexionar sobre lo hecho y lo factible.
Publicar un comentario